A una semana del resultado de balotaje, superar el shock, analizar el resultado y esperar pensando estrategias. Por Ernesto Palmeiro y ...

A una semana del resultado de balotaje, superar el shock, analizar el resultado y esperar pensando estrategias.

Por Ernesto Palmeiro y Natalia Rótolo

















Muchxs todavía estamos en shock y la angustia se sigue sintiendo. La sensación de desamparo está latente. Cuesta imaginar los siguientes cuatro años con un presidente y una vicepresidenta que cambian una consigna del campo nacional y popular: de “la Patria es el Otro” a la “Patria es todo lo vendible para beneficio personal”. El triunfo de La Libertad Avanza, por más de 11 puntos de diferencia de la fórmula oficialista, no sólo conlleva un giro del modelo económico, sino que pone al menos en duda el legado de una argentina vanguardista en materia de derechos humanos.

Perón decía que el órgano más importante del ser humano es la billetera: votar al ministro de economía era difícil, pero con la esperanza de los monstruos que estaban enfrente, se esperaba que gane la racionalidad democrática, de derechos expandidos. Frente a la libertad de mercado y el salvajismo económico que prometía eliminar la indemnización, la respuesta “obvia” era la que no ponía en cuestión los derechos laborales.

Sin embargo, en el balotaje pareciera que se hubiera reducido a optar entre dos candidatos: un Ministro de Economía de 140% de inflación y un outsider que “nunca estuvo en el poder”. Parece que la retórica del cambio funcionó o que primó un voto castigo y un hartazgo acumulado tras ocho años de paro para el sueño popular. Otra vez, el eje fue “continuidad versus cambio”. La propuesta de un gobierno de unidad nacional y el cese de “la grieta” no alcanzó; tampoco la campaña de “Milei NO”.

La historia tampoco alcanzó para evitar la victoria de la ultraderecha. Un presente en el que cada vez es más difícil llegar a fin de mes logra que la perspectiva histórica del pasado quede en un segundo plano, al menos para una gran proporción del casi 56% que votó a Milei. Primero el macrismo y luego el gobierno de Alberto Fernandez: casi una década de caída en picada. La dirigencia no supo traducir las demandas del pueblo y de “la gente” en medidas tangibles. Podría argumentarse que se administró durante mucho tiempo y se gobernó recién en la campaña: devolución del IVA, quita del impuesto a la ganancias y bonos. Aún cuando algunos índices de la macroeconomía habían mejorado, la situación no mejoró para las clases populares.

No todos los que optaron por LLA son negacionistas, homofóbicos, racistas, odiadores, ultraderechosos, etc.  Pero el resultado otorga una legitimidad de origen que termina habilitando ciertas violencias y ciertos discursos. En estos días, ya se vieron episodios de violencia: la docente de Lomas de Zamora que fue golpeada en el transporte público por la acusación de “lesbiana”, donde la agresora se justificó con los argumentos del partido electo y ningún testigo intervino.

El “pueblo” defendió su memoria cuando había que defenderla, salió a la calle cuando intentaron asesinar a una vicepresidenta, siguió (y seguirá) saliendo los 24 de marzo. Allí seguiremos estando.

Por mucho tiempo, como movimiento, preferimos no hablar de Milei y su potencial peligrosidad, tachándolo como minoría casi inofensiva. Este silencio como estrategia más la falta de decisión de quienes tenían la lapicera, fue lo que nos sorprendió. Nadie tomó en serio al “payaso”: casi que se lo veía como un mero objeto de burla. Así, el silencio nos terminó de aturdir.

El resultado de las PASO  había sido un baldazo de agua fría, como lo fue el primer partido de Argentina con Arabía Saudita en el mundial: primero el shock, luego la reacción y el repunte. Pero esta vez no se logró ganar, aunque se consiguió “el milagro” de llegar al balotaje. La gente “de a pie” intensificó las micromilitancias y se dio la batalla también en las redes. Tampoco alcanzó.

Vuelve Luis “Toto” Caputo, el “Messi de las finanzas”, el que estuvo a cargo de la cartera de hacienda en el gobierno de Mauricio Macri, el del bono a 100 años (deuda que la actual gestión reestructuró), el que agachó la cabeza frente a los fondos buitres. En fin, uno de los responsables del retorno del Fondo Monetario Internacional al país y, entonces, del inicio de la escalada inflacionaria.  A duras penas se avanzó en resolver el problema de la deuda con ese organismo: los autores vuelven y dan cátedra.

¿Qué queda de cara a los próximos cuatro años? A priori alejarnos de la retórica romántica de la resistencia de “salir a las calles a dejar todo, sudor y sangre, enarbolando a los muertos y heridos”. Debemos esperar a ver la gestión del nuevo gobierno y salir a las calles con cuidado cuando por su mero proyecto de país y plataforma electoral nos quieran rematar el futuro. Pero no adelantarnos al peor escenario. La primera palabra es cautela. La segunda es humildad y, luego, es militancia, política. Organizar a las mayorías, re-enamorar a la ciudadanía, volver a soñar.