El resultado de este domingo sorprendió a todos los frentes políticos y desafió a todas las encuestas. Ahora, el panorama político se reac...

Baldazo de agua fría para la política nacional

 

El resultado de este domingo sorprendió a todos los frentes políticos y desafió a todas las encuestas. Ahora, el panorama político se reacomoda y los porcentajes por fuerza electoral sugieren diversas lecturas.

Por Ernesto Palmeiro y Natalia Rótolo


Festejo en el búnker de La Libertad Avanza. Foto: Clarín.

El triunfo de Milei en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) es un baldazo de agua fría. Algunes todavía siguen en estado de shock. Ni las famosas encuestas previeron este resultado. Es una elección atípica. El escenario se vuelve una puja de tres fuerzas: los tan hablados “tres tercios”. 

Al siguiente día hábil de la elección, el Gobierno tiene que hacer una devaluación del 22% para cumplir con los puntos del reciente acuerdo con el FMI y esperar el postergado desembolso de agosto. “Voto bronca” y “¿Qué le pasa a la sociedad?” emergen como respuestas en un intento para procesar lo acontecido. Un clima con tintes distópicos. Dos meses y una semana para las elecciones generales.

La victoria de La Libertad Avanza termina de sacudir el tablero sociopolítico: el espacio de ultraderecha sacó 30% de los votos, Juntos por el Cambio 28% y Unión por la Patria 27%. Si bien ajustada, es una victoria al fin. No alcanza con opinar desde afuera: hay que acercarse a quienes lo votaron y entender por qué. Porqué nuestros vecinos eligen esta opción, porqué lo hacen nuestros afectos. Hay racionalidad en este voto y no hay que subestimar ni paternalizar esta decisión electoral. Hasta octubre tenemos tiempo para debatir, entendernos y negociar.

Un 31% de nuestros conciudadanos eligieron no ir a votar a nivel nacional. Constituyen un poco más que el porcentaje del tercio ganador. Con ellos también hay que hablar porque en esta elección se juega nuestro destino de, al menos, los próximos 4 años. Si bien en las PASO la participación siempre es baja, este número también habla del desencanto con la política. Tenemos que construir la épica de ganar una elección popular.

El 30% de votos a Javier Milei es un indicio: algo está en lugar de esos 7 millones de sufragios. ¿Para quién está Milei? ¿En lugar de qué? ¿Bajo qué aspecto o carácter? Como todo signo, es esencial su circulación, el uso y la relación con otros signos para que adquiera significado. En otras palabras, Milei es una consecuencia: se relaciona con otros políticos y con diferentes ideas que recorren nuestra sociedad. Como con la identidad, en nosotros siempre hay una parte del Otro. “Para verme tenía que mirarte”, escribió Cortázar y eso se tiene que traducir en la política.

No podemos debatir si pensamos que el votante promedio del espacio liberal es un facho, un odiador, un ultraderechoso que sólo tiene maldad. Puede que los hayan, pero la gran parte de ese 30% son “ciudadanos de a pie”. Es preciso interrogar(se) y sumergirse en el territorio de ese otro, escuchar la demanda y situarla en este contexto social, político y económico. No construyen nada nuevo ni bueno el reproche o el ninguneo.

Milei aparece en el marco de una  crisis generalizada, con el FMI decidiendo el destino de la Argentina. Debemos recordar que el organismo fue traído por Mauricio Macri en el 2018. El país crece, pero al mismo tiempo la pobreza aumenta y los salarios caen. Para esto, el Gobierno todavía no ha podido dar respuesta definitiva o suficientemente satisfactoria (por acción u omisión). Ahí aparece el descontento y la apatía por los partidos tradicionales. La bronca se combina con el “carisma” de un “líder” que promete soluciones mesiánicas. El fracaso de las políticas económicas en esta gestión y de seguridad en el gobierno de Macri termina arrastrando a sus ejecutores.

En ese sentido, el voto a La Libertad Avanza es un voto multicausal que no puede ser desmerecido. Las pasiones en política también tienen razones del mismo género: no se puede reducir los resultados al “voto bronca” o a un electorado ingenuo. La respuesta es más amplia y los votantes tienen una racionalidad e, incluso, en algunos casos, convicción. Aún así, la batalla no está perdida.


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