La ministra de seguridad anunció el protocolo antipiquetes. Carmen Verdú reflexiona: “El punto es cómo hacemos para que ese miedo, desde el ...

La ministra de seguridad anunció el protocolo antipiquetes. Carmen Verdú reflexiona: “El punto es cómo hacemos para que ese miedo, desde el punto de vista colectivo de las organizaciones, no nos paralice”.

Por Natalia Rótolo

Verdú pidiendo el sobreseímiento de manifestantes detenidos en la movilización por Santiago Maldonado - 2019. Foto: Página 12.


María del Carmen Verdú es abogada y militante de CORREPI (Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional). Horas después del anuncio de Patricia Bullrich sobre el protocolo antipiquetes se reunió con Un país como la gente.


¿De qué se trata este anuncio?

Lo que acaba de anunciar Patricia Bullrich a las 16.30 es prácticamente lo mismo que aquel protocolo antipiquete que tuvimos que enfrentar entre 2016 y 2017 cuando ella ocupaba el mismo cargo que ahora, con la particularidad de que ella era el ala más dura y más reaccionaria junto con Petri, Kravetz y Wolff del gobierno de Mauricio Macri. Hoy, frente a Milei y Villarruel, explícitos reivindicadores y apologetas de la dictadura cívico-militar-eclesiástica y del terrorismo de Estado, no te voy a decir que es una paloma porque de pajarito no tiene nada, pero convengamos que no es lo más duro. Con lo cual es lo mismo, pero peor: viene con un empaquetamiento político a partir del poder acumulado por el actual presidente, además por 54% de los votos, que lo hace muchísimo más grave y sustentable. Aquel lo pudimos frenar. En aquel momento a los pocos días del anuncio había una gran marcha de trabajadores estatales, porque también habían anunciado cesantías. En ese momento, un conjunto de organizaciones armamos un habeas corpus preventivo en beneficio de todas las personas trabajadores del Estado que se iban a movilizar. 

¿Y qué pasó con eso?

A la larga lo rechazaron, pero el impacto mediático de que se había interpuesto el juez que le pidió al Ministerio de Seguridad que informara que había dado instrucciones especiales a las fuerzas federales… Tuvieron que contestar que no para no quedar en off-side, y demás, hizo que las movilizaciones transcurrieran sin incidentes, sin detenciones, y en la práctica, no se aplicó en casi ninguna provincia, salvo Mendoza, donde justamente estaba Cornejo, con un perfil más parecido al que hoy tiene el Gobierno Nacional. Allí sí, tuvimos trabajadores, sobre todo docentes, con causas por cortes de calle, por movilizaciones o por asambleas, en donde había vías alternativas y demás. Lo que anunció hoy, por lo que vemos y que han comentado los compañeros que sí lo pudieron leer entero, hace que tengas toda una apertura de calificaciones legales que apuntan a comisión de delito, de conductas que no lo son: movilizarte, transportar personas para una movilización), no sé, el fletero que lleva las banderas, que por lo general es gente que las organizaciones contratan, porque no todas las organizaciones tienen un flete propio.

¿Qué pensas de que las organizaciones tengan que cargar con los costos del operativo represivo?

Además de que te van a cagar a palos, cagar a gases, meter en cana y armarte la causa, todavía vas a tener que pagar el desplazamiento de la policía, de la gendarmería, de la prefectura y del servicio penitenciario. Hace unos días una cosa que señalábamos con preocupación desde CORREPI que se haya trasladado el servicio penitenciario federal del Ministerio de Justicia a Seguridad. No hay discusión de que el servicio penitenciario federal es una fuerza de seguridad, pero que tiene una tarea específica que no tiene que ver con el orden público, sino que tiene que ver con la custodia de los penales y sobre todas las cosas, aunque sea una expresión de deseo y no una realidad, con la política de resocialización y rehabilitación de las personas privadas de libertad. Acá se terminó el objetivo de resocialización, que se caguen muriendo adentro y se pudran, y vos sos una fuerza de seguridad hecha y derecha como gendarmería, prefectura o la policía. Y ahora los van a sacar a la calle.

¿Cuál crees que es el rol de las organizaciones también en esto? 

Mirá, yo creo que tenemos que movernos con dos ideas básicas. Por un lado, por supuesto, esto hay que enfrentarlo, y de hecho estamos pensando en el tipo de respuestas políticas e institucionales, como por ejemplo esto del habeas corpus preventivo. Pero también tenemos que cuidarnos, porque hacernos en este momento los Charles Bronson y salir por la propia, con pocas fuerzas, sin coordinación, sin redes que nos amparen, sin mecanismos preventivos, sin protocolos de seguridad. Tampoco. Nuestra exhortación en este momento a las organizaciones, o lo que decimos cuando alguna nos pregunta qué opinamos, es “revisen todos los protocolos de seguridad, orgánicense bien, eviten cualquier tipo de caer en provocaciones”, que se te zarpe uno y te revole una botella, como el idiota del otro día en la asunción, que nos causa más daño a nosotros que a ellos. Y por sobre todas las cosas, saber que lo único que no tiene reemplazo son los compañeros y compañeras.

¿Y frente al miedo también que generó en la gente esto?

Eso es sumamente válido y hay que respetarlo. O sea, ¿qué vas a ir a decirle sos un cagón? A ver, si algo no tenemos que hacer con Patricia Bullrich, son hipótesis. ¿Querés que te cuente que solamente en menos de dos semanas de diciembre del año 2017 tuvimos 232 detenciones en la ciudad de Buenos Aires? Con cuatro marchas, la de la OMC, la de los movimientos sociales y las dos de la reforma previsional. Y que se duplicaron los índices de gatillo fácil a manos de las fuerzas federales. Bastó derogar todos esos protocolos de Patricia Bullrich en diciembre de 2019 para volver a los números anteriores. Justamente, si no tuviéramos miedo no tendríamos preocupación y no pensaríamos cómo cuidarnos mejor. El punto es cómo hacemos para que ese miedo, desde el punto de vista colectivo de las organizaciones, no nos paralice tampoco. Pero bueno, eso cada organización lo tiene que masticar, elaborar, sacar sus propias conclusiones, cuidarse, pero seguir haciendo lo que forma parte de su menú de militancia. 

¿Considerás oportuna esta calificación de virtual estado de sitio que se está haciendo ahora? 

Sí, acordate que en 2017 decíamos algo similar, que impusieron un estado de excepción sin declararlo. Acá ya te lo declararon, no formalmente con un decreto, pero sí en el mensaje que se transmitió. Es correctísimo. ¿Y qué es lo primero que haces cuando de la Rúa decretó el estado de sitio el 19 de diciembre de 2001? Más allá de que CORREPI estuvo en la calle el 19 y el 20, y de hecho por algo tenemos un compañero asesinado, (Carlos) Petete Almirón, lo primero que hicimos fue asegurarnos que todo el mundo estuviera bien. No llevamos a la plaza a nadie que pudiera tener algún tipo de inconveniente, por ejemplo, personas migrantes con problemas de residencia.

Claro, pero seguir ocupando la calle, ¿no?

Sí. A cuidarse, de ninguna manera desmovilizar, pero movilizar con criterio. CORREPI es una organización esencialmente defensiva. Desde este rol, nuestra posición es esa. Más sabiendo que en nuestro caso siempre somos quienes tenemos que quedar de alguna forma en la retaguardia, porque después somos quienes pasamos las dos noches siguientes sin dormir entre comisaría, fiscalía y juzgado. Ese es el rol: cuando todo el mundo se fue a descansar, después que terminó el quilombo en la marcha, empieza el laburo nuestro.

Lucas Belfiore, diseñador gráfico, y Liza Gutierrez, realizadora de Artes Visuales, dan un taller de diseño gráfico en el Centro Universitar...

Lucas Belfiore, diseñador gráfico, y Liza Gutierrez, realizadora de Artes Visuales, dan un taller de diseño gráfico en el Centro Universitario Devoto (CUD) que va más allá de la expresión artística. Desde fanzines hasta poesía caligráfica, ambxs tienen clara su tarea: enseñar desde la producción colectiva.


Por Natalia Sivina



“Una cosa es lo que se ve de afuera y otra cosa es lo que ocurre hacia adentro, ¿no?” dice Lucas Belfiore, diseñador gráfico, mientras revuelve un cortado al que le acaba de tirar un sobre de azúcar. Sobre la mesa de plástico hay, además, dos facturas y media, una lágrima en jarrito, un vaso y una botella de Coca-cola. La esquina, que funciona como almacén y parrilla, está en frente de la cárcel de Villa Devoto.


Todos los jueves desde 2014, Lucas da un taller de diseño gráfico en el Centro Universitario Devoto (CUD), que se centra en la producción de fanzines y afiches. El proyecto lo había iniciado dos años antes Coco Cerrella, también diseñador gráfico. “Con toda la experiencia de la cárcel yo flashee mal, ¿viste? Me pareció excelente, entonces le escribí, le empecé a romper las bolas a Coco y vio que yo tenía interés. Nos tomamos un café, se ve que de alguna forma lo convencí, y bueno, empezamos a dar clases juntos”. 


Este año se sumó Liza Gutierrez, realizadora de Artes Visuales. Todos los cuatrimestres cambian el programa del taller para estar siempre experimentando. “Las propuestas que llevamos son como una excusa para que haya disparadores. Pensamos un hilo conductor, pero que luego salga de los pibes. La idea, la temática, las características y los ejercicios de poesía salen de ellos, para que puedan contar algo y que su voz pueda ser escuchada y difundida también por fuera”. Mientras se sirve Coca-cola, Liza sube la voz para hacerse escuchar por encima del tránsito feroz de Bermúdez.


Aquel jueves, habían dado una clase a partir de la siguiente consigna: crear un collage de un monstruo, luego escribir una poesía y por último practicar caligrafía, combinando las tres instancias en una única pieza. “A esas criaturas se les dio un nombre y un sentido. En algunos casos fueron sentidos negativos, representando determinados vicios de la política”, cuenta Lucas. En otros, fueron sentidos negativos y además personales, continúa Liza: “Lo tomaron como si el monstruo fuera una representación de ellos. Pusieron ‘Somos monstruos’, como que arruinaron a la familia equivocándose. Hay una visión propia de mucha desvalorización y de mucho juzgamiento por estar donde están”.


La tapa (izquierda) y algunos afiches del último fanzine de este año


Pero también surgieron otras representaciones: “Hablaban de cómo se les leía a ellos en su estado de presos”. Ambxs critican a la gran masa de discursos que circulan puertas afuera. “Para crear ficción, que la creen ellos”, dice Lucas. Liza asiente mientras lo mira, y suma: “Está toda esa violencia que genera morbo, que a la clase media le encanta consumir sentada frente a la tele. Y después, cuando les decís que es una mierda, mucha gente dice: ‘bueno, pero hay que mostrar esas realidades’. No sé, ¿cuántas veces estuviste en un penal? Yo nunca estuve adentro de un pabellón, no tengo idea. ¿Pasa eso realmente? ¿Todo es tan violento y tan de mierda?”. No siempre lo que se muestra se denuncia. Casi todo lo que circula en los medios, aquello que es más consumido, realiza una sola operación: contar una historia a través de estereotipos. “Muestran la violencia de las personas que están detenidas, pero ¿cuándo muestran la violencia del sistema penitenciario sobre esas personas? Los protagonistas en esos productos son siempre los presos siendo violentos, y no sé, pasan muchas cosas”.


A Lucas y a Liza les gustan los pliegues, las vueltas. “Acá es mucho papel, papel, papel”. Lucas busca algo en su mochila, con la ayuda de Liza: “Uy, ¿qué tenés acá? Está re pesada”. Tienen una mirada cómplice. Si alguien los viera al pasar, pensaría que, hagan lo que hagan, lo comparten con pasión. Finalmente, sacan una pila de trabajos, de ese jueves y de otros. Los despliegan sobre la mesa: recortes de todo tipo forman varios afiches de algún monstruo. Luego van a unirse todos en una sola pieza, un fanzine colectivo. “Aunque sea importante cada subjetividad, lo colectivo tiene mucha más potencia”, dice Liza mientras acomoda uno de los afiches. 


El taller funciona como algo más que un espacio de aprendizaje: “Lo importante en realidad es más la sinestesia, esa que ocurre ahí. Después de la clase, nos quedamos una o dos horas más jodiendo ahí en los pasillos y las charlas que surgen son todo, son todo. En realidad, en realidad, vamos a hablar. Vamos a escucharlos, y mucho no tenemos para decirles porque sus problemas están en otro nivel de problemas: son familiares, o con abogados. Ya de movida están presos”, dice Lucas mientras mira el mural que está pintado en la pared externa de la cárcel. “El miedo puede medirse por las resistencias que provoca”, se lee. 


Muchos de quienes están privados de su libertad no tienen condena. Esperan a veces hasta tres años por su juicio. Pero que nadie se confunda: “Para el caso son estudiantes. Yo no vengo acá a juzgar qué carajo hicieron, sino a tratar de transmitir algún conocimiento de diseño gráfico, y que lo más lindo que se puedan llevar es que surjan relaciones, vínculos copados para generar proyectos el día de mañana”, dice Lucas.


Sobre la mesa queda una sola factura. Tanto Liza como Lucas están relajadxs sobre sus sillas. El viento lxs refresca del calor, y también airea las ideas. “Estos espacios son los que nos gustan. La educación no formal, en espacios diferentes a lo que es una escuela tradicional. No siempre sucede lo que une propone, y está bueno darle lugar a esa espontaneidad. Todo lo que pasa ahí adentro es lo que realmente es: el verdadero propósito de la actividad”. Por el viento, no sabemos quién de lxs dos pronunció esas palabras. Pero es indistinto. Más adelante van a encontrarse con ex estudiantes que crearon su proyecto gráfico o editorial, o que expusieron sus afiches en distintos museos, al lado de piezas de diseño de la historia argentina, porque ¿qué cosa representa más la historia que otra? Al salir, van a tomar una cerveza y comer una pizza. A la semana siguiente, el taller continúa.