En la semana después de las PASO, analizar el panorama electoral implica considerar los nuevos espacios de construcción del sentido. Sin nin...

La política en tiempos de redes: el fenómeno Milei y la cibermilitancia


En la semana después de las PASO, analizar el panorama electoral implica considerar los nuevos espacios de construcción del sentido. Sin ningún tipo de estructura tradicional en las provincias, el liberalismo se federalizó. El fenómeno Milei nos habla también de la cibermilitancia.

Por Ernesto Palmeiro

Javier Milei acompañado por  Iñaki Gutiérrez, el administrador de la red social de Tik Tok (REUTERS/Mariana Nedelcu)
















Más de la mitad del electorado votó contra el oficialismo. El escenario político devino palpable para algunos que, concentrados en las encuestas, habían quitado los ojos de los números de la economía. Otres ya lo venían advirtiendo desde el 2021, incluso con mayor vehemencia luego de las elecciones legislativas en las que el oficialismo perdió el quórum propio en diputados.

Una gran parte de la población sabe cuáles son los otros poderes que operan en las sombras y parecen no tener nombre ni apellido. Sabe del Fondo Monetario y también conoce cómo funciona la correlación de fuerzas. Pero el resultado del domingo 13 obliga a expandir los horizontes de la aprehensión de la realidad.

Durante el gobierno de Macri (2015-2019), los salarios cayeron, la inflación se duplicó, la pobreza aumentó y se recibió un préstamo sin precedentes del FMI. A pesar de que la gestión de Alberto Fernández renegoció la deuda externa , con una pandemia de por medio, un sector del Poder Judicial dictando cautelares a favor de las corporaciones y en contra de las mayorías, y con un Poder Mediático al acecho, el Gobierno no pudo dar respuestas efectivas para la recomposición salarial.

Dentro de este escenario, se plantea la hipótesis de que el votante de Javier Milei canaliza el descontento y la frustración con la “clase política”, “la casta” que no le soluciona sus problemas, y levanta el lema “¡Que se vayan todos!”. La experiencia que atañe a ese votante que no llega a fin de mes, parecería confirmar, entonces y a simple vista, el discurso de “todos los políticos son iguales”. De ahí el escenario de tres tercios, “la paliza” para los dos principales partidos. No obstante, y sin caer en determinismos, este es un punto de vista más que trata de explicar uno de los diferentes factores que inciden en el voto liberal. 

La creencia política también se basa en lo vivido. Las pasiones políticas tienen razones políticas. No se trata solo de un “voto castigo”: por una parte, el enojo se canaliza, pero por el otro hay una promesa de algo mejor en vistas de un presente desolador. Esto sugiere, al menos, que el votante de Milei no pertenece a una clase social especifica.

Encasillar a todo votante de Milei como “facho”, “gorila” o “ignorante” promueve la polarización al maximizar una dicotomía Ellos/Nosotros y también fortalece y perpetúa las posturas contrapuestas. Además, ese “nosotros” se ubica en un lugar de superioridad. Marcar la contradicción del libertario que estudia en la universidad pública tampoco sirve, ¿o acaso Massa no enunció en el 2015 que iba a “barrer a los ñoquis de La Cámpora”?  

Resulta ingenuo recortar “el Avance de la Libertad” al AMBA cuando el mapa de la Argentina se tiñó de violeta. El “fenómeno Milei” nos permite pensar la cuestión del territorio: en tiempos donde las redes sociales funcionan como una caja de resonancia, las formas de la política tradicional no tienen el mismo impacto. Se subestimó al espacio libertario con el “desinfle” de los resultados de las elecciones provinciales.  

La periodista argentina Mariana Moyano en su libro Trolls S.A.: La industria del odio en internet (2019) examina el impacto de plataformas como Facebook y Twitter en la esfera política, y comprende a las redes como “un nuevo espacio público de debate, disputa de sentido y agenda”. Si actualmente el discurso político circula por allí, se ve afectado por las lógicas que rigen esas arenas virtuales.

Los algoritmos de las redes sociales priorizan el contenido que genera niveles altos de interacción y participación y los memes reinan en esta dinámica. Al ser formatos visuales y concisos, provocan una respuesta emocional inmediata y una comprensión rápida: no dicen todo directamente y el espectador llena los espacios en blanco.

En un espacio cada vez más habitado, la pregunta se impone: ¿cómo disputar sentido en arenas donde se favorece la simplicidad de los razonamientos? Es necesario comenzar por esta pregunta a sabiendas de que Milei ganó las PASO sin estructura a nivel nacional (en términos tradicionales). En vista de ello, ¿será que, finalmente, queda zanjada la discusión en torno a la divisoria  entre “lo virtual” y “lo real”?  Esta pregunta es extensiva tanto a la militancia como a los dirigentes del campo nacional y popular. 

En medio de este complejo y cambiante entramado político y social,  la tarea de entender y abordar el presente se torna aún más necesaria para la construcción de un futuro más justo e  inclusivo. Nada fructífero puede surgir  si los debates parten desde el prejuicio y la chicana. Si la Patria es el Otro, hay que fomentar la discusión desde la comprensión y el respeto. No se trata de una postura  nihilista/escéptica  y/o romántica, sino performática: no un uso justificador de la compresión, sino transformador.

Es lo que Agnes Heller, sociologa húngara, planteó también para el aporte de los cientistas sociales:  aportar autoconocimiento navegando en un espiral de luz y sombra para que la contingencia devenga en destino. “Pero la ciencia social no nos prometerá certeza: al contrario, nos dará libertad”.


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