El gobierno de Javier Milei aleja de lo tradicional la apertura de sesiones. En cambio, prepara una escena televisiva. Nada es improvisado...

Apertura de sesiones ordinarias a puro show

 El gobierno de Javier Milei aleja de lo tradicional la apertura de sesiones. En cambio, prepara una escena televisiva. Nada es improvisado en su discurso y accionar. El accionar es funcional a una narrativa capaz de cambiar lemas populares básicos, como “Hambre para hoy, pan para mañana”.

Por Ernesto Palmeiro
Fuente: elaboración propia
Fuente: elaboración propia


Entre la Ley Ómnibus que no salió y el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que está vigente.  En el  “prime time” nocturno y desde un atril, con una entrada que promete ser triunfal, Javier Milei abrirá el periodo de sesiones ordinarias del Congreso Nacional: una ceremonia atípica, otro quiebre simbólico. Alfombra roja y aplausos para el “experto en crecimiento económico con y sin dinero”. Iluminación y maquillaje especial. Asi augura el Presidente que sea su performance del 1 de marzo de 2024. Eso sí, no habrá túnica. 

Ochenta y dos días y la estrategia del gobierno ha sido clara: tirar dardos a por doquier, de distintos colores y hacia diferentes sectores. Jornada tras jornada y estímulo tras estímulo, hay algo nuevo de lo que hablar. El objetivo: mantener a la sociedad en un estado de tensión y confusión constante, aturdida de información. El efecto: respuestas no coordinadas, una defensa que por ahora hace agua y la tuerca de la economía que mientras tanto siguen ajustando. La estrategia de la distracción mediática -postulada por el filósofo y lingüista Noam Chomsky por allá en el 2010- llevada a la política. 


Javier Milei no es ningún improvisado. Mucho menos el equipo de comunicación que lo llevó a la presidencia y lo asesora. Si hay que otorgarle un mérito, es el de manejar el lenguaje de las redes sociales y aprovecharlo a su favor. En eso sí resulta revolucionario. Milei se niega a caer en el formato tradicional de la investidura presidencial. “Un ‘troll’ en el ejecutivo”, se leyó por ahí. No sería descabellado pensar que algo de esta fachada influyó para que el 56%  de los argentinos lo eligiese en el ballotage.


Si gran parte del discurso social surge y circula en el territorio de las redes, una porción significativa de esa masa de votantes buscó alguien que no sólo compartieran su lenguaje, sino también su estilo: uno marcado por los insultos, burlas, mentiras y recetas mágicas.  Así se ha manejado el Presidente desde el 10 de diciembre. 


Como un amateur que evoluciona hacia su profesionalización y que finalmente una marca lo contrata para ser la cara visible, Milei es el Dadatina de la política argentina, que en vez de compartir rutinas de cuidado facial, se dedicó a compartir recetas económicas. En este caso, su influencia creció hasta que el Estado argentino lo contrató para ser la cara visible de su propia depuración.  


Milei subvierte el dicho popular. Ahora es “Hambre para hoy, pan para mañana”. El dia de su asunción,  aseguró que el gobierno anterior “dejó plantada una inflación del 15.000% anual”, un dato falseado, absurdo y sin rigor metodológico. Ajuste y devaluación del más de 100% de por medio. En el mes de enero festejó que la inflación de diciembre haya sido del  25%. Que fue un numerazo y que había que sacar a pasear en andas al Ministro de Economía, deslizó para entonces. Así, el gobierno libertario insiste con la retórica de la “Argentina decadente” para justificar el golpe al bolsillo. Y así, luego escuchamos testimonios de laburantes que sostienen que “hay que aceptar el boleto de colectivo a $300” porque “no queda otra”.


Se exacerba un problema (inflación), se genera una reacción en la población (preocupación, descontento) y luego se presenta una “solución” (medidas económicas hiper ortodoxas). Empeorar la situación para licuar, otra vez en la historia,  los salarios de los trabajadores. “No hay alternativa como latiguillo”


De cara a la ceremonia legislativa de hoy, lo más probable es que no ocurra nada de lo que no hayamos visto. Palos para “la casta” y como chivo expiatorio culpable de todos los males, el Kirchnerismo. La narrativa del eterno fracaso argentino y el plan libertario como única salida. Y en el atril, Milei, el “mesías”, el “salvador”.  


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