Javier Milei abrió el nuevo periodo legislativo en un contexto poco convencional. Cargó otra vez contra la “casta política”, festejó el ajus...

Una apertura que dejó humo y más ajuste

Javier Milei abrió el nuevo periodo legislativo en un contexto poco convencional. Cargó otra vez contra la “casta política”, festejó el ajuste y prometió profundizarlo. Con un llamado al acuerdo pidió por la Ley Ómnibus aunque sin temor a la confrontación.


Por Ernesto Palmeiro

Fuente: Elaboración propia

Tecnicismos económicos a mansalva. Números, números y más números. Términos sexuales otra vez (“orgía de gasto público”). Un discurso con una poética en diálogo con la historia (el “Pacto del 25 de Mayo” que invitó a firmar a todo el arco político). En el mes de la memoria, juegos de palabra que indignan ( “Durante la pandemia, si hubiéramos hecho las cosas como un país mediocre hubiéramos tenido 30 mil muertos, de verdad”). Un llamado al acuerdo (no al consenso)  para aprobar la Ley Ómnibus, al mismo tiempo que sentenció “si quieren conflicto, conflicto tendrán”.


Con un despliegue policial de cinco mil efectivos, escoltado por Jefes del Ejército con los mismos uniformes de la última dictadura militar, en camionetas negras al estilo Estados Unidos y la transmisión en cadena nacional, así llegaba el presidente Javier Milei a un Congreso vallado para dar apertura al nuevo periodo legislativo. Banda y bastón presidencial incluídos, detrás de un atril, sobre un banquito y atado a las hojas de un discurso de más de ocho mil palabras, el máximo representante del ejecutivo se dirigió a la asamblea parlamentaria durante 70 minutos. No le quedó otra que ir a lo que él definió, semanas atrás, como “nido de ratas”.


Ya en el recinto, una cobertura audiovisual desprolija: encuadres poco encuadrados,  planos cerrados y sólo a los aplaudidores; más que exaltar la figura del presidente, un plano muy picado que lo hizo parecer más pequeño. En vez de camisetas y pantalones deportivos, jóvenes twittereros de traje y corbata en los palcos como una hinchada de fútbol cantando a viva voz “libertad, libertad, libertad”, “la casta tiene miedo”, “Milei, querido, el pueblo está contigo”. 


Festejando el recorte de 5 puntos del PBI en gasto público, se jactó de que el ajuste es sobre la casta. Nada más lejano que la realidad, puesto que el superávit fiscal de enero se financió con un recorte del 32,9% a los jubilados, una reducción del 16,8%  de los subsidios al transporte, luz y gas, un 17,6% de la obra publica, una licuación de los salarios por un 12% y un ajuste del 10,1% para universidades, programas sociales y asignaciones familiares (Fuente: Centro de Economía Política Argentina).

La casta no paga el ajuste. Los datos y el día a día de los trabajadores lo desmienten. La ofensiva a la casta política se restringe a lo discursivo. Sueldos de presidente, vicepresidente y ministros siguen intactos. Las dietas de los diputados y senadores también. La motosierra sobre los políticos brilla por su ausencia. Puro humo el paquete “anticasta” que propuso Milei: las únicas jubilaciones de privilegio que pretende eliminar son las del Poder Ejecutivo, intocable el régimen especial de los jueces y el beneficio de estar exentos del Impuesto a las Ganancias. 


En los palcos celebran. Celebran el escrache a dirigentes como Juan Grabois o Máximo Kirchner y celebran también el anuncio del cierre de la Agencia Télam. Música para los odiadores de lo público.  


Los salarios no se fortalecen, el relato sí. Milei no se refirió a la “herencia recibida”, sino a “la peor herencia que ningún gobierno en la historia Argentina haya recibido jamás”. Problema-reacción-solución. “Tiempos desesperados, requieren medidas desesperadas” es el leitmotiv de este gobierno. Un enfoque de crisis “inédita” que justifica acciones extremas. Lastima que el Presidente tenga de ministro de economía a uno de los ideólogos del sí inédito préstamo contraído en el 2018 con  el Fondo Monetario Internacional: Luis “Toto” Caputo. “El populismo nos quitó el 90% de nuestros ingresos”, deslizó. Otro dato falseado, ya que el momento de mayor caída del salario real fue post crisis del 2001 (Fuente: Ministerio de Economía e INDEC). 









































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