En un taller sencillo de Florencio Varela, conurbano bonaerense, toma lugar un oficio milenario. Javier Meza es un luthier que transforma la madera en instrumentos con personalidad: para cada necesidad, Javier produce algo único.
Por Natalia Rótolo
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| Javier Meza en su taller haciendo la base de una guitarra eléctrica. Foto: Gabriel Salvá. |
“Son pedazos de madera y, con eso, haces música”, dice Javier Meza apartando la vista por un segundo del plano y del fondo de una guitarra. Con los ojos iluminados, vuelve a mirarlos: “Es magia”.
Desde los 2000, Javier es luthier. El oficio milenario se asomó como respuesta a la crisis financiera y a la dificultad para comprar instrumentos. De todas formas, él tardó en acercarse a ese mundo. A los 20, era empleado en una panadería hasta que un día, refinando una masa, la máquina aplastó su mano. Por un tiempo no pudo trabajar ni continuar con su hobby. “Si no puedo tocar la guitarra, voy a hacer instrumentos”, determinó entonces. Su conexión con la música era innegociable. Así, se anotó en un curso de luthería en Bernal, localidad de Quilmes.
En el tiempo de hacer una guitarra, Javier hizo dos. Mientras su mano izquierda se recuperaba, empezó a notar que no iba a volver a tener la misma elasticidad. Por poca que sea la diferencia entre los trastes del mástil, los dedos tienen que estirarse para formar los acordes. Para tocar más cómodo, adaptó una guitarra, acortándole la escala.
Estaba encantado con el resultado de su primer trabajo. Pero apenas Johnny, un amigo músico, la escuchó sonar, quiso comprársela y lo apuró: “Si vos hiciste esta guitarra, podés hacerte otra mucho mejor después”. Desde entonces, nunca se queda tanto tiempo con los instrumentos que hace: si encuentra a alguien que la quiere, se la presta o se la vende. “Pasa una cosa muy loca: yo, que hago guitarras, muchas veces no tengo ninguna para mí”. En esos momentos, le pide prestada alguna a sus clientes, tan solidarios como él.
A los dos años de terminar el curso, su maestro luthier le pidió que lo reemplace dando clases y, un tiempo después, Javier abrió su propio taller. Tres mesas de trabajo, virutas de distintas maderas, amplificadores, fotos colgadas, un vitral y la radio sonando. Allí enseña, repara y hace violines, violas, guitarras eléctricas y semiacústicas. “Son instrumentos hechos en Florencio Varela. Y a mucha honra”, aclara. Con un tono amargo, cuenta que perdió posibles clientes y que tuvo que cobrar más barato por estar ubicado en este distrito.
En otra de las mesas de trabajo está Oscar, un jubilado que siempre estuvo interesado por la luthería y por los instrumentos de cuerda. Muestra con orgullo la madera recién lijada de la cabeza de una guitarra criolla, donde más tarde irán las clavijas. Había elegido usar la madera del ciruelo de su casa familiar, que tras 150 años se había secado. Además, le agregó una línea de ébano. La pieza brillaba incluso sin lustrar.
La primer guitarra que hizo se la regaló al nieto, que había empezado a tocar. Ahora le está construyendo una nueva con pedazos del árbol en el que jugó toda su infancia. En este proyecto están trabajando a la par con Javier. Va a ser la primera guitarra totalmente acústica que el maestro luthier haga. Miraron juntos un catálogo de una fábrica de insumos para luthería y modelos para pedir por internet. La elección de las clavijas generó debate: clásicas o verticales.
Oscar calcó con un molde la forma que quería que tenga la cabeza con un lápiz y una goma. Alejaba la madera y se fijaba cómo quedaba. “Así nos gusta trabajar a nosotros: poder estar en todo el proceso. Modificar hasta la dirección de las líneas”, explicó Javier. Pueden tener todo este cuidado en la creación porque, si bien en el taller cuentan con máquinas, la gran parte del proceso es manual. Hacer una guitarra les lleva, como mínimo, unas 200 horas de trabajo. Además, construyen algunas de sus herramientas: con una base más grande que el fondo de una guitarra común y unos cilindros de madera ajustables, Javier creó un sistema para darle la forma a las fajas, las láminas de los costados de la guitarra.
A la hora de hacer un instrumento a pedido, Javier entrevista a sus futuros clientes por sus necesidades sonoras, de uso y de disposición. Producido así, cada instrumento tiene una historia y un músico destinado.


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