Las películas de Ernesto Baca pasaron por diferentes festivales internacionales y lo llevaron por lugares inimaginados, como viajar por Europa y dar clases en México. Después de 20 años de su primera película piensa su historia haciendo cine nacional y experimental.
Por Natalia Rótolo
- ¿Cómo llegaste al mundo del cine?
De casualidad. En Varela teníamos un grupo de amigos con los que nos juntábamos a ver películas. Éramos cinéfilos, pero no nos dábamos cuenta: íbamos al videoclub y revisábamos todo. Un día, caminando por San Telmo, vi la Escuela Argentina de Historieta y entré porque consumía mucho la revista Fierro. Me dijeron que también tenían un curso de cineasta. Me fascinó esa palabra. Empecé a estudiar ahí. Entre el 94 y el 96, los tres años que estuve en la Escuela, me becaron para cubrir el regreso del Festival de Mar del Plata. Después ya fui sólo: había un hambre de consumir cine, nuevas miradas, otra forma de ver las cosas que ya no me llegaba por el videoclub, donde una peli nueva era todo un acontecimiento.
- ¿Cuándo diste el salto para filmar tu propia película?
La empecé en el 98 y la terminé en 2002. Fue un proceso muy lento, de mucha espera. Cabeza de Palo tiene que ver con el cine “conurbánico”, pero también con una mezcla de miradas y de joven cineasta entusiasta: contagiar a otros para salir a filmar una peli, todo sin un mango. Me compraba una lata, la revelaba cuando tenía plata… Pensá que fue todo el 2001. En el 99 renuncié a un laburo en Coca-Cola, tenía un buen sueldo, estaba hecho un yuppie prácticamente. Sabía que iba a tener que vivir sin comodidades, pero no me quedaba otra. Cuando te gustan las cosas las tenes que seguir a fondo, sino nunca terminas de romper el cascarón. Fue una decisión fuerte, pero por lo menos tenía una película.
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| Póster de Cabeza de Palo (2002) |
- ¿Y cómo le fue a la película cuando la terminaron?
Tuvo mucha suerte. Es la película a la que mejor le fue. Un montón de festivales de un día para el otro, viajes todo pagos. En Suiza, en el Festival de Locarno, le fue re bien. De ahí viajé a Francia. Re loco. Fue un tirabuzón y mucha suerte. Me decían “quiero ver tu próxima película” y yo ya pensaba “listo, me meto a la villa y saco la segunda”. Ahí tomé otra decisión: me di cuenta que había un mercado que pedía algo, pero yo no quería hacer eso. José Celestino Campusano (director de Hombres de piel dura) entendió bien esa mecánica y al año siguiente presentó su primera película y siguió en esa veta de contar historias outsiders. Yo pude haber hecho eso, pero decidí caminar para otro lado.
- ¿Cuál fue el recibimiento de tus otras películas?
Mi película de 2018, Israel, tuvo muchísimas buenas críticas y se sigue viendo: la reestrenaron en México y lleva 8 semanas en cartel. En cambio, mi última película, Historia Universal (2022), no tuvo críticas, es como si no hubiera existido. Cabeza de palo tenía como una estrella y despegó, pero no pasó lo mismo con la más nueva, que para mí es lo mejor que hice, lejísimos. Nunca se sabe con las pelis. Vos apuntás para allá y sale para el otro lado. Así que ya no pienso más: las hago y listo.
- Actualmente, ¿cómo es conseguir financiación para tus proyectos?
Como tengo muchas pelis atrás que tuvieron reconocimiento, puedo seguir haciendo mis “experimentaladas” y presentar mis proyectos sin que me pregunten tanto. Es una forma de vida: una vez al año lo presento y el proyecto me sostiene durante el que produzco la película. A otros cineastas que salen de la huevera le preguntan, le reescriben el guion 20 veces, le hacen pedir avales por todos lados. Igual, es la fuente de trabajo de mucha gente, que sigue haciendo sus pelis y que después terminan circulando en el INCAA o en cine.ar. Hace que la cultura esté subvencionada y eso es importante.
- ¿Qué crees de las propuestas de eliminar el INCAA?
Es de lo primero que algunos quieren hacer. Desde la época de Macri lo querían cerrar y no pudieron. Imagináte la cantidad de familias que quedan sin sustento. El INCAA es un sistema económico que se mantiene cobrándole los impuestos a las pelis extranjeras. Por suerte, existe. Está buenísmo. Primero yo estaba reticente de hacer una peli por el INCAA porque pensaba que no era el sistema o que no eran para mí, tan al margen de todo, pero ahora laburo así.


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