Un resumen de las medidas y las campañas de cada espacio, en las diez semanas que separan los comicios. Dos meses y medio de vivir en Argent...

Un resumen de las medidas y las campañas de cada espacio, en las diez semanas que separan los comicios. Dos meses y medio de vivir en Argentina.

Por Ernesto Palmeiro

Fuente: elaboración propia


Setenta días separan al 13 de agosto del ya cercano 22 de octubre. Devaluación del 20% y no del 60% como pedía el FMI. Massa anunciando beneficios económicos y provincias propias y ajenas que se negaron a pagar la suma fija. El Banco Central y la ya derogada resolución “contra Mercado Pago”, que impedía el ingreso directo de dinero mediante tarjeta de débito. Quita del impuesto a las ganancias y devolución del IVA, y el rechazo de Juntos por el cambio. La justicia de Estados Unidos fallando contra la argentina por la estatización de YPF: buitres de afuera y buitres de adentro. 

Bullrich y su campaña “a todo o nada”, con su propuesta de una cárcel con el nombre de Cristina Kirchner: “acabar con el Kirchnerismo” como mantra. Milei en caravana agitando una motosierra, Ramiro Marra reivindicando el pasado hispano. Fátima Flores y Milei. La casta pero los no tan casta:  Luis Barrionuevo y el coqueteo recíproco entre Macri y el espacio libertario. El acto negacionista de Victoria Villaruel y la contramarcha a la legislatura porteña. Un año del intento de magnicidio a la vicepresidenta: Milman y una causa que no avanza.

En el medio, dos debates presidenciales. La bomba del Insaurralde Gate que estalla horas antes. Réplicas sobre el derecho a réplica. El negacionismo televisado, casi en cadena nacional. Una Myriam Bregman que dejó frases memorables para las redes, pero otra campaña más sin una vocación real de disputar la Casa Rosada.  “Gatito mimoso” y “FBI argentino” trending topic. Schiaretti y Córdoba como la tierra prometida. Una gripe y una conjuntivitis para una candidata de Juntos por el Cambio que se trababa al hablar. Caras y gestos sobrados. Las chicanas no faltaron, los slogans tampoco. Las propuestas, a excepción de Massa, brillaron por su ausencia.  Memes, memes y más memes: la contraofensiva del oficialismo.

Notas, notas de opinión y ensayos. Análisis. Análisis políticos, económicos, culturales y/o sociales. Análisis de todo tipo y en diferentes formatos para entender el “fenómeno Milei”. Voto castigo, voto bolsillo, voto multicausal, voto multiclasista y voto en blanco. Las encuestas sí, las encuestas no. La sociedad esto, la sociedad lo otro.  Entre la derecha y los derechos. Entre los vouchers y la educación pública. Como si fuera poco, medio oriente bajo fuego. 

La dolarización y el dólar ilegal a mil pesos. Un candidato festeja. El Presidente que lo denuncia, Massa que no va a parar “hasta que vayan presos los especuladores”. Los operativos de la AFIP en la city porteña  y los detenidos. El dólar que retrocede a novecientos 

Esta semana la opción para renunciar al subsidio de transporte: medida para molestar a los pro mercado y correrlos con su propio discurso de cero intervención del Estado. Como quien no quiere la cosa, una candidata a diputada nacional libertaria sugirió una ley para que los padres varones puedan "renunciar a la paternidad".

Tres días faltan para las elecciones generales. Los cierres de campaña fueron inminentes. Juntos por el Cambio lo hizo primero en Belgrano, con Patricia Bullrich y Jorge Macri como únicos oradores y un Horacio Rodriguez Larreta  como un animador (barato) de cumpleaños. Era de esperar: la candidata a presidenta expresó una vez más su propuesta de “acabar con el Kirchnerismo de una vez y para siempre”.  Retomando los clichés de la campaña de 2015, y que a esta altura forman parte del diccionario antikirchnerista del PRO,  no faltó la mención al “asesinato de Nisman”. Resucitó él ya eslogan “se robaron todo”, se refirió al “pacto con Irán”  y al escándalo del “Vacunatorio VIP” de la pandemia.  También cargó contra Milei.  

Al día siguiente, el 17 de octubre, Día de la Lealtad peronista,  Unión por la patria  lo hizo en  una colmada cancha de Arsenal en Avellaneda: Axel Kicillof y Sergio Massa juntos, el intendente anfitrión Jorge Ferraresi.  Por su parte, el candidato a jefe de gobierno, Leandro Santoro, realizó el cierre en el Luna Park.  Finalmente, hoy Massa hará su último acto en una fábrica junto a trabajadores y jubilados.  

El candidato de La Libertad Avanza, Javier Milei, se volvió a subir al escenario del Movistar Arena. Victoria Villarruel, Ramiro Marra, “El Dipy”, Alberto Benegas Lynch - quien llamó a cortar relaciones diplomáticas con el vaticano- estuvieron presentes. Fátima Flores también.  No faltó la canción “Panic show” de La Renga, ni “Se viene” de La Bersuit. El canto “que se vayan todos” resonó, otra vez, en el estadio. Con voz ronca y tono vehemente, en  “35 años podemos ser como Estados Unidos y en 40 como Irlanda” deslizó Milei.


Este domingo el país decidió a su presidente interino por un año y medio: hasta el 24 de mayo de 2025. La elección que se disputaba entre la...

Este domingo el país decidió a su presidente interino por un año y medio: hasta el 24 de mayo de 2025. La elección que se disputaba entre la candidata correísta Luisa González y Daniel Noboa, un nuevo personaje neoliberal, dio como ganador a este último. Con sólo 35 años, carga a la derecha en sus hombros.

Por Facundo Fuentes


Fotografía: Karen Toro vía Reuters

El 17 de mayo el presidente ecuatoriano, Guillermo Lasso, del Movimiento CREO, partido de corte neoliberal,  dio inicio a un mecanismo nunca antes usado en la nación: el decreto de muerte cruzada (gran nombre para un mecanismo institucional). Esto implica la convocatoria a elecciones anticipadas para concluir el mandato del actual presidente, pero a su vez permite gobernar por decreto hasta la asunción del sucesor. Lasso usó este mecanismo por el conflicto constante que tenía con la asamblea nacional y que podía haberlo destituido por casos de presunta corrupción.

Tras la campaña, dos candidatos llegaron a segunda vuelta: la designada por el expresidente Correa,  Luisa González, del Movimiento Revolución Ciudadana, y el hijo del empresario bananero más rico de Ecuador, Daniel Noboa, de Acción Democrática Nacional. Su llegada al ballotage tomó por sorpresa a todos, incluso al mismo candidato: es un actor nuevo en el paisaje político, sólo hace dos años que es senador. 

En la segunda vuelta, elección desarrollada el 15 de octubre, la performance no sorprendió. Noboa se impuso con el 52,29% del total de los votos ante el 47,71% de la designada por el exmandatario. Los resultados podrían explicarse porque el eje correísmo/anti-correísmo marcó la discusión política de la última década, en la que la sociedad civil se desencantó por la incapacidad del sistema político de satisfacer las demandas más básicas. Ecuador es un país donde más de dos millones de personas padecen hambre y seis están bajo la línea de pobreza.

La estrategia de campaña de González se articuló  bajo los eslóganes de “antes estábamos mejor” y “ya lo hicimos”, en el que se destaca más la imagen y voz de Correa. Pero, el bajo promedio de edad de Ecuador, hace que buena parte del electorado no haya vivido aquella época y sea apelado por la nostalgia. Al igual que otros gobiernos populistas de la región, para el correísmo es difícil construir identidad, apoyo y liderazgo más allá de lo legado por los ciclos exitosos de los 2000.

Es en este contexto, se entiende el sorpresivo salto de Daniel Noboa hacia la presidencia. Sin un historial de fracaso político, aunque más no sea por falta de trayectoria.  Además, supo leer el contexto hábilmente, si bien tiene una línea de centro derecha, no ha hecho de ello el eje central de su campaña. Tampoco se basó en  la polarización, sino que eligió construir su figura, aprovechando su trasfondo empresarial, como el candidato de la familia, de la corporación, de la empresa que "no tiene un partido atrás". Es aliviador, aunque sea en lo más mínimo, que el discurso del nuevo candidato de derecha no se haga a partir de la erradicación de un otro y que tampoco plantee al liberalismo como la solución al malestar social, como se evidenció en el resto de experiencias latinoamericanas.

La pregunta que surge de la mayoría del electorado ecuatoriano hacia el presidente electo es ¿Cómo va a solucionar la creciente presencia y violencia del crimen organizado?  En una nación donde las muertes por crímenes violentos crecen exponencialmente año a año, es imperativo dar marcha atrás al retroceso de las capacidades estatales de penetración y de acción que se generó en los últimos años, ya que dejan a la ciudadanía desamparada y a la merced del control de grupos criminales. Sin embargo, este fenómeno sólo es exacerbado gracias a las políticas de ajuste estructural que tomaron los gobiernos en el último tiempo. Si no se toman medidas para solucionar el hecho de que el 65% de la población económicamente activa de Ecuador está en condiciones de empleo no adecuado, difícilmente se pueda revertir la tendencia.

El margen de maniobra de Noboa es muy estrecho, con sólo año y medio de mandato hasta las próximas elecciones presidenciales, con una asamblea nacional fragmentada, gobernando un país constreñido por la deuda externa, excesivamente dependiente del precio internacional de las commodities y donde se carece de política monetaria por la dolarización, el presidente electo va a tener que balancearse en una cuerda muy fina si es que quiere que su carrera política no termine de manera tan abrupta como comenzó.

Las películas de Ernesto Baca pasaron por diferentes festivales internacionales y lo llevaron por lugares inimaginados, como viajar por Euro...

Las películas de Ernesto Baca pasaron por diferentes festivales internacionales y lo llevaron por lugares inimaginados, como viajar por Europa y dar clases en México. Después de 20 años de su primera película piensa su historia haciendo cine nacional y experimental.

Por Natalia Rótolo



- ¿Cómo llegaste al mundo del cine?

De casualidad. En Varela teníamos un grupo de amigos con los que nos juntábamos a ver películas. Éramos cinéfilos, pero no nos dábamos cuenta: íbamos al videoclub y revisábamos todo. Un día, caminando por San Telmo, vi la Escuela Argentina de Historieta y entré porque consumía mucho la revista Fierro. Me dijeron que también tenían un curso de cineasta. Me fascinó esa palabra. Empecé a estudiar ahí. Entre el 94 y el 96, los tres años que estuve en la Escuela, me becaron para cubrir el regreso del Festival de Mar del Plata. Después ya fui sólo: había un hambre de consumir cine, nuevas miradas, otra forma de ver las cosas que ya no me llegaba por el videoclub, donde una peli nueva era todo un acontecimiento.

- ¿Cuándo diste el salto para filmar tu propia película? 

La empecé en el 98 y la terminé en 2002. Fue un proceso muy lento, de mucha espera. Cabeza de Palo tiene que ver con el cine “conurbánico”, pero también con una mezcla de miradas y de joven cineasta entusiasta: contagiar a otros para salir a filmar una peli, todo sin un mango. Me compraba una lata, la revelaba cuando tenía plata… Pensá que fue todo el 2001. En el 99 renuncié a un laburo en Coca-Cola, tenía un buen sueldo, estaba hecho un yuppie prácticamente. Sabía que iba a tener que vivir sin comodidades, pero no me quedaba otra. Cuando te gustan las cosas las tenes que seguir a fondo, sino nunca terminas de romper el cascarón. Fue una decisión fuerte, pero por lo menos tenía una película.

Póster de Cabeza de Palo (2002)

- ¿Y cómo le fue a la película cuando la terminaron?

Tuvo mucha suerte. Es la película a la que mejor le fue. Un montón de festivales de un día para el otro, viajes todo pagos. En Suiza, en el Festival de Locarno, le fue re bien. De ahí viajé a Francia. Re loco. Fue un tirabuzón y mucha suerte. Me decían “quiero ver tu próxima película” y yo ya pensaba “listo, me meto a la villa y saco la segunda”. Ahí tomé otra decisión: me di cuenta que había un mercado que pedía algo, pero yo no quería hacer eso. José Celestino Campusano (director de Hombres de piel dura) entendió bien esa mecánica y al año siguiente presentó su primera película y siguió en esa veta de contar historias outsiders. Yo pude haber hecho eso, pero decidí caminar para otro lado.

- ¿Cuál fue el recibimiento de tus otras películas?

Mi película de 2018, Israel, tuvo muchísimas buenas críticas y se sigue viendo: la reestrenaron en México y lleva 8 semanas en cartel. En cambio, mi última película, Historia Universal (2022), no tuvo críticas, es como si no hubiera existido. Cabeza de palo tenía como una estrella y despegó, pero no pasó lo mismo con la más nueva, que para mí es lo mejor que hice, lejísimos. Nunca se sabe con las pelis. Vos apuntás para allá y sale para el otro lado. Así que ya no pienso más: las hago y listo.

- Actualmente, ¿cómo es conseguir financiación para tus proyectos?

Como tengo muchas pelis atrás que tuvieron reconocimiento, puedo seguir haciendo mis “experimentaladas” y presentar mis proyectos sin que me pregunten tanto. Es una forma de vida: una vez al año lo presento y el proyecto me sostiene durante el que produzco la película. A otros cineastas que salen de la huevera le preguntan, le reescriben el guion 20 veces, le hacen pedir avales por todos lados. Igual, es la fuente de trabajo de mucha gente, que sigue haciendo sus pelis y que después terminan circulando en el INCAA o en cine.ar. Hace que la cultura esté subvencionada y eso es importante.

- ¿Qué crees de las propuestas de eliminar el INCAA?

Es de lo primero que algunos quieren hacer. Desde la  época de Macri lo querían cerrar y no pudieron. Imagináte la cantidad de familias que quedan sin sustento. El INCAA es un sistema económico que se mantiene cobrándole los impuestos a las pelis extranjeras. Por suerte, existe. Está buenísmo. Primero yo estaba reticente de hacer una peli por el INCAA porque pensaba que no era el sistema o que no eran para mí, tan al margen de todo, pero ahora laburo así.

El activismo de la artista GraRavera pasa por mejorar su comunidad y por contar historias. Las tenebrosas vivencias de la última dictadura m...

El activismo de la artista GraRavera pasa por mejorar su comunidad y por contar historias. Las tenebrosas vivencias de la última dictadura militar recorren sus obras. Frente al negacionismo y los discursos apologéticos, Graciela hace un acto de memoria con su propia vida.

Natalia Rótolo

Retrato de María Graciela Ravera. Foto: Pablo Vitale


María Graciela Ravera nació en 1955 en Sourigues, zona sur del conurbano bonaerense. Vivió cuatro golpes de estado, pero recuerda particularmente el último. En 1976, Graciela tenía 21 años y estudiaba fisicoquímica en la Universidad de La Plata. A su casa llegaban llamados anónimos: algunas noches le advertían que no vaya al día siguiente a la facultad. Aún sospecha que su tío, que trabajaba en la Secretaría de Inteligencia del Estado, estuvo implicado en la dictadura y era quien ordenaba estos avisos.

Toda su vida se sintió cercana a la política. Antes del golpe era afín al Partido Comunista, aunque su familia era de tradición peronista. Tenía interés por militar, pero era consciente de que algo pasaba. Duda si sucedió en el 76 o el 77, pero recuerda una noche  hablando con sus compañeros sobre por qué un amigo que vivía en el interior de la provincia no estaba en La Plata. “¿Alguien sabe dónde está Jorge?” “No sé, no volvió” “¿Sabés por qué?” “No. Sé que milita”.

Dentro de la oscuridad, resultaba claro que si tenías ideas de izquierda, te iban a desaparecer. “Mucho después me enteré que los militares también habían perseguido a la comunidad queer. Siempre habían sido acalladas nuestras vivencias y sentires. La historia de mi homosexualidad se entremezcla con la dictadura”, cuenta Graciela. Desde una ciudad periférica, no encontró facilmente un grupo que le mostrara que eran muchas como ella.

La dictadura atacó todo lo diverso en lo ideológico y en la sexualidad, pero tenía fundamentalmente un plan económico. El temor, el desempleo de su padre y la imposibilidad de bancar su carrera sola, hicieron que Graciela tuviera que dejar la facultad. Su emprendimiento de artesanías en cuero no prosperaba en un mercado dolarizado y de libre importación.

En 1978 empezó el profesorado de fisicoquímica más cerca de su casa, en el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica N°24 de Quilmes. Ahí conoció a Cecilia Dell’Orto. Hay un antes y un después del día que su amiga le contó que la hermana estaba desaparecida desde noviembre de 1976.

Patricia Dell’Orto y su compañero, Ambrosio De Marco, habían tenido una bebé un mes antes de ser secuestrades. La familia investigó sin poder encontrar nada. Incluso después del retorno democrático, el pacto de silencio militar y eclesiástico no cedió. Recién en 1991 un compañero de la pareja, Jorge Pastor Asuaje, visitó a la familia con una información precisa: un ex-detenido-desaparecido había visto a sus padres en cautiverio y había presenciado su fusilamiento. Era Jorge Julio López. En 1999 declaró en Tribunales contra Miguel Osvaldo Etchecolatz.

Tras la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, se reabren los juicios y Julio López vuelve a declarar contra el genocida, sumando detalles sobre el destino de Patricia Dell’Orto. En la segunda audiencia, el 18 de septiembre de 2006, el albañil y militante vuelve a desaparecer, esta vez, en democracia. El cuerpo y el resto de los detalles de la desaparición de Patricia siguen ocultos, igual que Julio López.

En 2021, Graciela empezó a escribir una obra de teatro sobre el fusilamiento de Patricia. El proceso creativo quedó trunco, pero, en este momento, se encuentra adaptando al teatro un cuento de una autora cordobesa sobre abuso sexual. “Parece que siempre abordo temas bastante pesados. La actual también me compromete emocionalmente, pero no es comparable con la de Patricia. Ahora la veo tan necesaria que siento que debo continuarla”, considera Graciela.

A fines de los 90, mientras vivía en el sur argentino, fundó el elenco “La catarsis rionegrina” con el que descubrió el poder para conmover y significar del teatro y su gusto por él. Sin embargo, considera que su principal lugar de activismo fue el aula y el sindicato docente. Para ella, militar es construir desde el lugar de cada une, en lo micro, para lograr el bien común.

Tras su jubilación, empezó a hacer cursos de dramaturgia y de escritura. Durante la pandemia mandó por primera vez un guión teatral a la convocatoria de Teatro x la Identidad y ganó en la segunda etapa de 2020. Presentó el monólogo “Elvis, mi amor” en la categoría de sexualidad, que trata sobre el despertar del deseo femenino en tiempos de absoluta represión y silencio, hablando desde un presente más libre.

En sus obras hay una pregunta constante por la identidad y la memoria sobre la dictadura. "Cada persona tiene una tendencia natural, algo que te ha impactado en tu vida y te quedas ahí, enganchada con eso. También hay algo de época: haber nacido en el 55 y tener 21 en el 76 no te deja tranquila. Siempre te hace ruido lo social, no te hace indiferente frente al devenir del mundo", reflexiona Graciela.

Con fluctuaciones de intensidad, la militancia práctica y simbólica es una continuidad en su vida. Actualmente, milita en el Frente Tay Pichín de San Marcos Sierras, Córdoba, donde vive. El Frente busca hacer una política soberana con perspectiva ambientalista y originaria en el pueblo: basados en el buen vivir se comunican con los vecinos y tratan de activar formas de encarar los deseos, las necesidades y problemas de la comunidad. Graciela es una de las coordinadoras del proyecto de turismo social.

Desde suelo cordobés, se le agita la sangre con los discursos negacionistas y con les defensores de genocidas como Etchecolatz. “Estoy desvastada por las noticias y los comentarios de la gente, incluso en este pueblito donde ganó Grabois. Estoy muy asustada. En San Marcos Sierras le fue muy mal a La Libertad Avanza, pero le fue. Hay gente con ese pensamiento. ¿Dónde se están moviendo esos discursos? ¿Quién se mueve en las tinieblas? ¿Quién hace posible que llegue?”, se pregunta. Con emoción dice: “En este tiempo se vuelve imprescindible volver a pensar en los 30.400 y volver a recordarles (y recordarnos) que hemos dicho y prometido que nunca más”.


La primera marcha feminista después de las PASO instala al movimiento en la arena política. Desde Plaza de Mayo hasta Congreso, les que marc...

La primera marcha feminista después de las PASO instala al movimiento en la arena política. Desde Plaza de Mayo hasta Congreso, les que marchaban se posicionaban con cantos, carteles y banderas contra las derechas.

Por Natalia Rótolo

Foto: Infobae


Este año, el día de la Acción Global por el Aborto Legal y Seguro fue un jueves. A las 15.30 ya había movimiento. Frente a Casa Rosada, alrededor del monumento central, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo hacían su ronda semanal. Pero no era otro jueves más: en la fuente se vendían pañuelos verdes, violetas y naranjas y a la ronda se sumaban la organización Doulas Feministas, otra de mujeres contra el abuso sexual en la infancia y otras sosteniendo una bandera del rosa NiUnaMenos que reza “Las guerrilleras son nuestras compañeras”.

La figura de las desaparecidas no se queda en las organizaciones históricas de derechos humanos. Caminando hacia el Congreso unas columnas llevan pancartas con la cara de jóvenes desaparecidas: los rostros de militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios y de Montoneros están entre nosotras.

Por Avenida de Mayo un grupo de tres amigues también camina hacia Congreso. Une lleva la bandera trans en la mochila y otra usa como capa dos pedazos de sábanas en el que escribió con pintura: “Libertad es salud pública”. El feminismo sale a disputar la idea de “libertad” tomada por la derecha. Una niña vestida de rosa corre con un cartel colgado al cuello: “La libertad es nuestra: ni un derecho menos, ni un ajuste más”. Carteles multicolores en la boca del subte rezan “Libertad es remedios gratis para jubilados y jubiladas” y en paredes se ven afiches de la convocatoria: “Libertad es que tu vieja haya podido jubilarse” y “Libertad es que el 80% de las infancias que sufrieron abusos pudieron contarlo gracias a la ESI”.

La columna oficial de la Campaña por el Aborto Seguro se acomoda. Una señora de pelo gris toma un megafono y pregunta “¿Estamos listas?”. Sus compañeras gritan mirando al cielo. “Vamos con esta, más necesaria que nunca: ¡Alerta! ¡Alerta que camina la lucha feminista por América Latina!”. Le pasa el altavoz a una mujer de pelo oscuro, con renovado entusiasmo: “Se cuidan, se cuidan los machistas.América Latina va a ser toda feminista”. Una chica de 30 años se cubre con una bandera roja de Ele Não y levanta un cartel “Milei es Bolsonaro”.

Cerca de la columna de Las Rojas una chica de pelo naranja reparte volantes del Frente de Izquierda: “Abajo el ajuste y el avance derechista. Aborto legal/ESI laica y científica. Aumento salarial y vivienda. Trabajo con derechos ¡Ni un paso atrás!”. A diferencia de las últimas marchas del movimiento, las consignas políticas son claras y compartidas.

Las mujeres son el segmento donde Javier Milei, el candidato de ultraderecha, cosecha menos votos, pero representan un poco más que la mitad del padrón electoral. Incluso con estos datos, después de las Primarias, el candidato endureció sus propuestas. La marea entiende que los derechos más básicos están en juego y que hay que garantizar una unidad en la agenda.

Más adelante, suena a bombos y a cánticos la columna del Frente Patria Grande. En sus rostros se ve una alegría compartida. Dos amigas pasan por el cordón y se dicen “sabemos que nos tenemos”. Pese a los números electorales, la presencia y las miradas alivian. Estamos en la calle juntas y nos estamos escuchando.

Minutos antes de la lectura del documento oficial, mujeres de la organización popular Marea, hacían una intervención callejera. “Escuchen”, grita una treintañera. Frente a ella un grupo de mujeres flexiona las rodillas mientras hace “Shhh”. Otra vez de pie, cantan “Estamos presentes, estamos acá”. Golpeando intermitentemente su pecho y sus rodillas, las mujeres exclaman: “Por vidas más dignas, estamos acá. Con fuego y con rabia, estamos acá”. Con puños al cielo, vociferan: “No pasarán, estaremos presentes. Somos la historia del pueblo rebelde”.

El tercer Malón de la paz abre el discurso desde el escenario, los tambores se acallan y un mano alza un cartel: “Arriba los derechos, arriba las Whipalas”. Las diferentes organizaciones acordaron exigir  la nulidad de la reforma y la intervención a la provincia, pronunciarse contra el extractivismo y contra el pago de la deuda con el FMI y el ajuste. Frente al avance de las derechas, el feminismo contesta con lucha y unidad en las calles.